lunes, 15 de septiembre de 2014

Jalisco canta en Sevilla



Todo tiene su música. Un cielo, el mar, la lluvia, la tormenta, el amor, el miedo… Y las ciudades tienen sus músicas, sus bandas sonoras, que las identifican y las diferencian de otras. Sevilla puede disfrutar de innumerables bandas sonoras, unas creadas para el cine, otras creadas para tan solo ser escuchadas, pero incorporadas posteriormente como fondos para escenas y decorados. Miles de ejemplos: La Sevilla de la Suite Iberia, La Torre del Oro, zarzuelas, óperas, coplas, pasodobles…
¿Cuántas películas se han rodado en Sevilla? ¿Cuántos temas musicales se han creado expresamente para estas películas? Hemos citado la ópera. Grandes autores se han basado en personajes sevillanos para crear obras de gran envergadura: El barbero de Sevilla o Carmen la cigarrera. Hoy le traemos esta película, que de recoger la maravillosa voz de Jorge Negrete, supuso el inicio de la coproducción con México que tanto cine nos dio en la esta época.

Título: Jalisco canta en Sevilla
Año: 1949
Duración: 113 min.
País: España
Director: Fernando de Fuentes
Guión Fernando de Fuentes (Historia: Paulino Masip, Adolfo Torrado)
Música: Manuel L. Quiroga
Fotografía:  Víctor Herrera  (B&W)
Reparto: Jorge Negrete, Carmen Sevilla, Armando Soto La Marina, Jesús Tordesillas, Leonor María, Ena Sedeño, Ángel de Andrés, Manuel Arbó, Arturo Marín, Gabriel Algara, Custodia España, Mercedes Muñoz Sampedro, Francisco Bernal, Antonio Almorós, Casimiro Hurtado, Rufino Inglés, Trío Calaveras, Morenito de Talavera, Manolo Escudero, Gitanillo de Triana
Productora: Coproducción España-México; Chamartín Producciones / Distribuciones Producciones Diana
Género: Musical. Romance
Sinopsis: Un charro mexicano y su ayudante, arruinados por el juego llegan a Sevilla con la intención de cobrar una herencia que casi pierden por confusión de nombres, gracias a la ayuda facilitada por un torero retirado y su hija logran cobrarla.

La primera co-producción entre España y México de la historia supuso también el debut oficial de Carmen Sevilla en el cine.

Me he referido varias veces al fenómeno de las coproducciones. Esta era la época ideal para el desarrollo de tal invento que se inició en tiempos de la guerra con productoras alemanas. Entre Méjico y España siempre hubo un especial hermanamiento a través de la música. Aquí nos caían bien, y los escuchábamos por la radio, artistas como Miguel Aceves Mejía o Jorge Negrete, por ejemplo. Allí caían bien Lola Flores y Carmen Sevilla, como otro ejemplo. Tanto los unos como las otras alternaban en eternas coproducciones que llenaban las salas de proyección. Era el truco infalible para vender el producto en Méjico y en España (y paradas intermedias).
Los protagonistas, siempre iban secundados por actores populares de cada país. En el caso que nos ocupa, por Méjico se apuntaba Armando Soto Lamarina y por España Angel de Andrés.
Este producto podría encajarse en lo que ahora clasificaríamos como “camp” e incluso como “kitsch”, ¿por qué no? O a ver quien lo discute si pasamos revista rápida a la historia en la que se instala este producto comercial:

Charro mejicano (Jorge Negrete), viene a Sevilla a recoger una herencia en compañía de su inseparable “chicote”. En Sevilla está Araceli (Carmen Sevilla) hija de ganadero. ¿Qué más, o qué menos, se puede pedir para establecer una base argumental y engarzar canciones de las dos orillas del Atlántico?

De Carmen Sevilla hemos hablado mucho. De Jorge Negrete podemos decir que, aparte su popularidad como actor y cantante, se destacó por su actividad en el mundo de la profesión. Creó el sindicato de trabajadores de la producción cinematográfica de Méjico y renovó la sociedad de actores de la que fue líder indiscutible.

Murió en 1953. Entonces yo era muy niño, pero le escuché a alguien contar una historia que siempre he mantenido en la memoria. Al borde de la muerte llegó un sacerdote a darle la extremaunción. Junto a Jorge estaba su esposa la actriz María Félix. El cura exigió que la señora abandonara la estancia a lo que el actor se negó… Según aquella versión que recuerdo de chico, el sacerdote abandonó el lugar y no le prestó ayuda espiritual en tal trance. Yo, con mis doce añitos de edad, pensé que Jorge se fue al infierno. Era lo que me enseñaban en el colegio. Pero por otra parte, pensé que murió como un hombre consecuente con sus criterios…

En la actualidad, en esos datos biográficos que te ofrece internet, fríos como alicatado blanco de hospital, se dice que “José López Ocampo, de la parroquia de Guadalupe del Sur de California, le aplicó la extremaunción.”
Quédese el lector con la versión que mejor le parezca…



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