Todo tiene su música. Un cielo, el mar, la lluvia, la tormenta, el amor, el miedo… Y las ciudades tienen sus músicas, sus bandas sonoras, que las identifican y las diferencian de otras. Sevilla puede disfrutar de innumerables bandas sonoras, unas creadas para el cine, otras creadas para tan solo ser escuchadas, pero incorporadas posteriormente como fondos para escenas y decorados. Miles de ejemplos: La Sevilla de la Suite Iberia, La Torre del Oro, zarzuelas, óperas, coplas, pasodobles…
¿Cuántas películas se han rodado en Sevilla? ¿Cuántos temas musicales se han creado expresamente para estas películas? Hemos citado la ópera. Grandes autores se han basado en personajes sevillanos para crear obras de gran envergadura: El barbero de Sevilla o Carmen la cigarrera.
Debla, la virgen gitana
Año: 1951
Duración: 92 min.
País: España
Director: Ramon Torrado
Música: Jesús García Leoz
Fotografía: Manuel Beregnguer
Reparto: Paquita Rico, Alfredo Mayo, Lina Yegros, Lola Ramos, Alfonso Estela, Féliz Fernández, Modesto Cid, Rosa Fontsere
Productora: Mª del Dulce Casanovas Sánchez
Género: Drama. Comedia musical
Sinopsis: A través de una obra pictórica nos narran la historia del pintor Eduardo Miranda que, una noche, mientras observa a un grupo de gitanos bailando, descubre a una bella muchacha granadina llamada Carmen. Deslumbrado por su belleza le propone pintarla en un cuadro. Esto provoca que la gente murmure por el barrio y, a la vez, despierta los celos de su mujer.
Premios: 1951: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película)
No hay que pasar por alto la fecha de producción de esta película. 1951. A once años del final de la contienda, las genialidades eran las mínimas, por no decir ninguna, y los artífices eran los mismos. Hablar del director, Ramón Torrado, es hablar de un profesional de oficio, nada brillante, que firmó algunos buenos éxitos taquilleros del momento, (“Botón de ancla”, “Castañuela”, “La niña de la venta”…) y que llegó a realizar un total de cuarenta y ocho películas a lo largo de su vida, entre los años 1942 y 1978. Y nunca se salió del carrilito, ni siquiera en “Guerreras verdes” (1976) o en “Pasión inconfesable” (1978), cuando todos los directores jugaban a romper moldes. Para él ya era tarde.
La garra taquillera de esta película radicaba en la fuerte presencia del protagonista masculino, el hombre de hierro del cine de los primeros años del franquismo. Alfredo Mayo era el prototipo del español victorioso. Guapo, buenas “hechuras”, bigotito, algo Don Juan y con “Raza” y “A mí la legión” a sus espaldas… En fin: el héroe sin tacha.
Y a su lado, aparecía tímidamente, como buena trianera, una Paquita Rico que se abría camino en el mundo del cine. Con el paso del tiempo terminaría convirtiéndose en lo que habría de conocerse como mito casero del cine español. El cine folklórico era un filón para productoras y exhibidores. Y así fueron proliferando las “paquitas rico, las marujitas díaz, las cármenes sevilla y las lolas flores…”
Naturalmente, los directores tenían que apoyar a estos protagonistas con actores de verdad, con tablas, con un saber estar, sin dejarlo todo a los márgenes de improvisación surgidos de una retahíla interminable de “oles, “ozús” y “mi arma”… (¡Que bien satirizaba este problema Berlanga en su “Bienvenido…” en la escena en la que Manolo Morán y Pepe Isbert están en el camerino de Lolita Sevilla, quien resolvía todas sus intervenciones con unos: “vamos”, “digo”, y Manolo complementaba con un : “Ea, ya lo oye usted como se expresa la niña”…)Y Ramón Torrado supo apoyarse en una actriz procedente del teatro que pisaba con fuerzas y seguridad: Lina Yegros.
Y como siempre digo: Vean este tipo de películas con la misma emoción y curiosidad que sentimos cuando abrimos el baúl de la abuelita que está cubierto de polvo en el desván…

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