lunes, 11 de agosto de 2014

Filigrana.



Todo tiene su música. Un cielo, el mar, la lluvia, la tormenta, el amor, el miedo… Y las ciudades tienen sus músicas, sus bandas sonoras, que las identifican y las diferencian de otras. Sevilla puede disfrutar de innumerables bandas sonoras, unas creadas para el cine, otras creadas para tan solo ser escuchadas, pero incorporadas posteriormente como fondos para escenas y decorados. Miles de ejemplos: La Sevilla de la Suite Iberia, La Torre del Oro, zarzuelas, óperas, coplas, pasodobles…
¿Cuántas películas se han rodado en Sevilla? ¿Cuántos temas musicales se han creado expresamente para estas películas? Hemos citado la ópera. Grandes autores se han basado en personajes sevillanos para crear obras de gran envergadura: El barbero de Sevilla o Carmen la cigarrera.


Filigrana

Año: 1949
Duración: 105 min.
País: España
Director: Luis Marquina
Guión: Luis Marquina (Obra: Antonio Quintero)
Fotografía: Alfredo Fraile
Reparto:  Concha Piquer, Fernando Granada, Carlota Bilbao, Enrique Núñez, Carmen Sevilla, Alberto Romea, Fernando Aguirre, Miguel Gómez, José María Mompín,María Victorero, Luis Hurtado, Mariano Asquerino
Productora: Manuel del Castillo
Género:  Comedia musical  
Sinopsis: Filigrana está en el mejor momento de su carrera artística. Su camerino está repleto de flores y siempre del mismo admirador: Guillermo Harrison que le pide que se case con él. Filigrana dice haber oído esas mismas palabras en boca de otro hombre, el conde de Montepalma, jugador y mujeriego al que amó y que sin embargo la humilló por ser gitana. 

Creo que “filigrana” es una obra artística y manufacturada que suele elaborarse a base de hilos de oro y plata, unidos y enlazados  con diminutos puntos de soldadura realizados con mucha perfección y pulcritud. También es utilizado este término, creo que esta modalidad ya no se utiliza, refiriéndose a las marcas de fábrica de determinado tipo de papel y que se leía por transparencia. En general y en sentido figurado, el término “filigrana” se utiliza para hacer referencia a cualquier cosa delicada.
Pues bien. La película a la que nos estamos refiriendo, nunca pudo estar más lejos de esta última acepción de la palabra. El bueno de Luis Marquina, artesano tenaz del cine de posguerra, pero corto en la utilización de los conceptos cinematográficos a la hora de construir una película, no consiguió fabricar precisamente una filigrana.
Ni que decir tiene que nos encontramos de nuevo ante el típico producto de subgénero folclórico elaborado en los años de posguerra. Difícil era trabajar con aquellas cámaras recubiertas con un cajón de madera pintado de negro, prácticamente sin focos, con planchas metálicas que reflejaban la luz del sol para ahorrar kilowatios de las endebles fábricas de electriciad que se veían en la obligación de cortar el suministro por las tardes (restricciones las llamaban) a todos los hogares e industrias españoles. Y con tres o cuatro tramos de vías para montar un “travelling”…
Todavía alguien me podía decir que si con aquellos medios tan limitados, se pudo hacer una película, Marquina había fabricado, de seguro, una “filigrana”… Pero, en fin. La base de todo está en el guión y en este caso la trama argumental no daba para más. Nos encontramos, una vez más, ante el típico melodrama folletinesco de amores y amoríos (entonces en España o se reía o se lloraba), escrito para el lucimiento de la estrella del momento: Concha Piquer. Y ahí está la clave. Lo importante era salir de casa e ir al cine para escuchar a doña Concha. Lo demás se daba por añadidura.
Arropando a “la Piquer” (la del baúl), Luis Granada y Fernando Hurtado, con la aparición de una incipiente Carmen Sevilla que ya apuntaba maneras. Son, por lo de escuchar a doña Concha y por ver a nuestra paisana Carmen en sus comienzos, dos motivos suficientes de carácter histórico y arqueológico, como para resucitar esta película.

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