Todo tiene su música. Un cielo, el mar, la lluvia, la tormenta, el amor, el miedo… Y las ciudades tienen sus músicas, sus bandas sonoras, que las identifican y las diferencian de otras. Sevilla puede disfrutar de innumerables bandas sonoras, unas creadas para el cine, otras creadas para tan solo ser escuchadas, pero incorporadas posteriormente como fondos para escenas y decorados. Miles de ejemplos: La Sevilla de la Suite Iberia, La Torre del Oro, zarzuelas, óperas, coplas, pasodobles…
¿Cuántas películas se han rodado en Sevilla? ¿Cuántos temas musicales se han creado expresamente para estas películas? Hemos citado la ópera. Grandes autores se han basado en personajes sevillanos para crear obras de gran envergadura: El barbero de Sevilla o Carmen la cigarrera. Decir Carmen es decir Sevilla, casta, gracia, fuerza, amores enfrentados, tradición, belleza, ardor… Nuestra trianera de la Fábrica de Tabacos, ha subido a los escenarios y a las pantallas. Y ha bajado en varias ocasiones al albero de la Real Maestranza… Los temas brillantes, triunfantes, dramáticos y románticos de George Bizet han encantado y cautivado a generaciones. Por eso la rememoramos hoy en nuestra banda sonora de Sevilla.
La Cruz de Mayo
Duración: 77 min.
País: España
Director: Florián Rey
Música: Augusto Algueró, Luis Gómez, Daniel Montorio
Fotografía: Cecilio Paniagua
Reparto: Gracia de Triana, Miguel Ligero, José Nieto, José María Seoane, Aurora García Alonso, Salvador Soler Marí
Productora: Suevia Films
Género: Drama. Comedia musical
Sinopsis: Coral es una chica sevillana que trabaja en una fábrica de cerámicas para sacar adelante a su familia aunque su máximo ilusión es dedicarse al cante. Cuando es escogida por su buena voz y cualidades, para ir a una academia de arte, acaba triunfando y consigue un ventajoso contrato con el que comienza su carrera artística.
Lo hemos dicho en más de una ocasión. En la España de posguerra el cine tuvo varios caminos férreos que seguir. Uno era el cine histórico, aunque entonces se supiese poco de Historia (“Agustina de Aragón”, “Juana la loca”, “Alba de América”…) Otro era el cine-comedia de teléfonos blancos, en un vano intento de copiar las deliciosas y bellas comedias que, con buena factura, nos llegaban de aquel Hollywood en sus años de esplendor y en otro vano intento de hacernos olvidar la triste realidad del momento. Otro era el religioso (“Balarrasa”, “La mies es mucha”…) Otro el heróico militar (“Raza”, “A mí la legión”…) Y por fin, el folklórico. Se probaron todas las fórmulas posibles, todos los cantaores/as, bailaores/as, el humor, el drama, la tragedia y el cante, incluso mezclados con el “triller”… (Ronda, Cádiz, los puertos, Sevilla, Triana…)
La que hoy nos ocupa, “Cruz de Mayo”, podríamos considerarla inmersa en el último apartado pudiendo clasificarla como un pintoresco híbrido que se tambalea entre el habitual cine folklórico y el tradicional cine de crímenes e intrigas, en el que una joven obrera del barrio de Triana, aficionada al cante, con buena voz, que trabaja para sacar adelante a su familia, cuando ve llegar la hora del triunfo en los escenarios, es acusada del asesinato de su patrón, ya que días antes lo habían visto discutiendo con su novio…
En fin. Un gazpacho un tanto difícil de digerir, pero entonces público y crítica no le exigían a este tipo de películas nada más que eso: canciones bonitas, baile por sevillanas y una Gracia de Triana inmersa en una investigación policíaca… ¡Ah! Y si además se le echan tropezones al gazpacho, pues mejor. Y en este caso el tropezón fue Manolo el Malagueño…
De cualquier manera estas películas son, en la actualidad, piezas de museo de un extraordinario valor. Y como tal cosa hay que verlas.

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