Todo tiene su música. Un cielo, el mar, la lluvia, la tormenta, el amor, el miedo… Y las ciudades tienen sus músicas, sus bandas sonoras, que las identifican y las diferencian de otras. Sevilla puede disfrutar de innumerables bandas sonoras, unas creadas para el cine, otras creadas para tan solo ser escuchadas, pero incorporadas posteriormente como fondos para escenas y decorados. Miles de ejemplos: La Sevilla de la Suite Iberia, La Torre del Oro, zarzuelas, óperas, coplas, pasodobles…
¿Cuántas películas se han rodado en Sevilla? ¿Cuántos temas musicales se han creado expresamente para estas películas? Hemos citado la ópera. Grandes autores se han basado en personajes sevillanos para crear obras de gran envergadura: El barbero de Sevilla o Carmen la cigarrera.
Suspiros de Triana
Año: 1955
Duración: 88 min.
País: España
Director: Ramón Torrado
Guión: Ricardo Blasco, Antonio Guzmán Merino, Ramón Torrado, Antonio Álvarez Alonso
Fotografía: Antonio L. Ballesteros, Jean Lehérissey
Música: Cristóbal Halffter, Daniel Montorio, José Ruiz de Azagra, Juan Solano, Antonio Álvarez Alonso
Reparto: Antonio Riquelme, César Torrado, Paquita Rico, Ángel Sampedro 'Angelillo', Juan Calvo, Matilde Artero, Manuel De Juan, Emilio Segura, Francisco Bernal, Julia Delgado Caro, Josefina Serratosa, Casimiro Hurtado, Ana María Ventura
Productora: Producciones Benito Perojo
Género: Comedia musical
Sinopsis: Carlos Ojeda es un famoso cantante recién llegado de América que viaja a Sevilla en busca de una estrella. Después de revolver cielo y tierra conoce a Reyes, una joven y guapa vendedora de flores, de la que queda prendado al instante. Carlos decide hacerle una interesante propuesta artística y económica, la única pega es que si acepta tendrá que viajar a México y abandonar a los suyos. Pero una vez en el barco el contrato inicial sufrirá algunos cambios.
Creo haberlo dicho todo sobre Paquita Rico, sobre Angelillo, sobre Antonio Riquelme y sobre, no solo Juan Calvo, sino sobre todos los calvos que pueblan y han poblado el cinema patrio (y que son ¡tela!). Y creo haberlo dicho todo sobre las producciones folklóricas de posguerra que se cebaban sobre nuestra riqueza artística, entonces confundida e infravalorada. Creo haberlo dicho todo sobre las que, durante mucho tiempo, fueron consideradas como las “mi armas” (que no miasmas) del cine español: Paquita, Lola Flores, Carmen Sevilla, allá en los 50 y 60… También creo haberlo dicho todo sobre un trabajador del cine que se llamó Ramón Torrado, el director. Entonces, ¿de qué podría hablar hoy con motivo de esta película? Pues de otro trabajador del cine español que se llamó Benito Perojo y que es ese personaje que produce la película, que arriesga todo su dinero en su realización y que al final pasa desapercibido para el gran público que consume cine pero que no se preocupa de él, en profundidad, lo más mínimo. Benito Perojo (1894-1974) ejerció en todas las áreas del cine: actor, director, guionista y productor. Como actor creó un personaje que se hizo muy popular, que se llamó Peladilla y que no era nada más que un buen remedo del Charlot de Chaplín. Como director hizo 28 películas, como productor 20 y como guionista 6. Empezó entusiasmándose por la adaptación de los clásicos y así adaptó textos de Alejandro Casona, Benito Pérez Galdós y Carlos Arniches. Por otra parte aquel era el terreno en el que se podía adentrar el cine español de entonces sin correr riesgos inútiles. Pero menos riesgos se podían correr si te adentrabas en el cine folklórico a base de copla andaluza. ¡Vía libre! Perojo descubrió el filón y se afincó en él. Esto le supuso que le pusieran malas caras los colegas de la generación del 27, incluido el maestro don Luis Buñuel. Pero don Benito hizo caso omiso y se empeñó en títulos, que fueron éxitos de taquilla, como: Mariquilla terremoto, Suspiros de España, Morena Clara, Un rayo de luz, Pan amor y Andalucía… Un luchador y un trabajador del cine, que estudió en Inglaterra, se formó en Francia y terminó haciendo el cine que consumía la España de la posguerra. Dramas, humor y coplas que se las llevaba el viento, pero que canturreaban las mujeres supervivientes en los patios mientras tendían las ropas recién lavadas con jabón verde.

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